Comportamientos y productividad

Cuando dos animales se encuentran en la naturaleza, muestran tres tipos de comportamientos dominantes para establecer la forma en la que se relacionan:

  1. Se atacan y luchan: para reproducirse, para marcar y poseer un territorio, para alimentarse (uno se come al otro), etc.
  2. Uno de ellos se somete al otro: tras luchar y reconocer su derrota, y en ocasiones incluso antes de iniciar la lucha, acepta al otro como vencedor y de buen grado le muestra sumisión para permanecer en el grupo, y el vencedor acepta que el sumiso permanezca en el grupo.
  3. Uno de ellos se da a la fuga: tras luchar y reconocer su derrota, y en ocasiones incluso antes de iniciar la lucha, el perdedor se retira y se da a la fuga.

En esencia muestran tres comportamientos dominantes: ataque, sumisión y fuga. Estos comportamientos dominantes conviven simultáneamente con comportamientos sociales dentro de  los grupos o manadas, con sus normas y reglas que les permiten alcanzar objetivos comunes.

Ante la frustración, el estrés, el miedo, la incertidumbre, la falta de autoestima, la falta de habilidades para realizar determinadas tareas, etc., el ser humano reacciona mostrando estos mismos tipos de comportamiento, cuyos efectos impiden las relaciones abiertas y francas con los demás, reduciendo así el rendimiento individual y grupal.

Estos comportamientos son denominados inhibidores o bloqueadores. Están presentes en todas las organizaciones, y generan un impacto negativo. Son consustanciales al ser humano, y todo el mundo los muestra en mayor o menor grado. Son respuestas emocionales y absorben gran cantidad de energía.

Estos comportamientos pueden agruparse en tres grandes bloques, alineados con los descritos anteriormente:

  1. Ataque
    • Son comportamientos defensivos ante la percepción de un fracaso personal en el trabajo: no consecución de objetivos.
    • Se traducen en ataques para culpabilizar a los demás, ira y enojo (enfado silencioso).
    • Las personas que muestran estos comportamientos son denominados “Autoexigentes”.
    • Cuando la autoridad, la credibilidad y el poder dependen de los resultados, la sensibilidad a cometer un error es lo suficientemente alta como para quedar atrapados en una conducta defensiva: lo que subyace es el miedo a fallar.
    • Los efectos sobre los subordinados son evidentes: no sienten empatía por su superior, se sienten enojados y maltratados, ven a su jefe como alguien inmaduro, y su moral se resquebraja.
  2. Camuflaje
    • Es el equivalente a la sumisión.
    • Son comportamientos que se muestran para no enfrentarse a los demás y evitar conflictos.
    • Las personas que muestran estos comportamientos son denominados “Evitadores”.
    • Pretenden conseguir cierta calma a corto plazo, a base de no abordar los problemas y no tomar decisiones,  para no molestar a los demás.
    • Las personas que los muestran intentan que nadie se enoje con ellos, y buscan la aprobación de subordinados, colaboradores, colegas y superiores.
    • Generan gran frustración entre sus subordinados: no asumen su responsabilidad por miedo a molestar y no toman decisiones, generando incertidumbre entre su gente, quienes deben lidiar con la falta de cuestionamiento y solución de los problemas y la paralización del flujo de trabajo.
  3. Fuga
    • Son comportamientos que buscan volverse invisible dentro de una organización.
    • Las personas que muestran estos comportamientos son denominados “Camaleones”.
    • Eluden cualquier tipo de responsabilidad e involucración, desentendiéndose de los problemas y mostrando falta de interés.
    • Se alejan de situaciones conflictivas para aliviar su ansiedad y frustración.

En general, los comportamientos inhibidores o bloqueadores son aprendidos, y pueden ser diagnosticados y trabajados convenientemente para reducir su presencia e impacto.

En nuestra larga experiencia, los diagnósticos que hemos realizado muestran que los comportamientos bloqueadores consumen en torno al 16-18% de la energía de las organizaciones. Esto supone casi un día de trabajo a la semana no productivo.

La buena noticia es que una gran parte de esa energía, una vez diagnosticada y mediante un entrenamiento adecuado, puede liberarse y transformase en compromiso, lealtad, creatividad, comunicación, trabajo en equipo, desarrollo del talento y productividad.

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